domingo, 2 de marzo de 2014

MUERTAS SIN GLAMOUR. Capítulo 1. EL LOBO. (Tercera Parte).

ANDÚJAR, MADRUGADA DEL 10 DE DICIEMBRE (De Un Año Para Olvidar)

 UN PLAN SANGRIENTO Y PEGAJOSO
El Lobo abrió el portón en silencio e introdujo el Land Rover con Paquita Fernandez dentro aún sin conocimiento. 
El lugar era la entrada de mercancías y alimentos. A esas horas de la madrugada El Lobo estaba seguro que nadie podría oír ni el motor ni sus sigilosos movimientos. Ya lo había hecho con anterioridad y no había levantado sospecha alguna.
Cargó con el cuerpo de Paquita sobre sus hombros. Le sorprendió lo poco que pesaban las mujeres. Cerró la puerta del vehículo y sacó unas llaves de su bolsillo viejas y oxidadas. 
A cada paso que daba hacia los sótanos el frío y la humedad se hacía notar. Paquita Fernandez gimió y balbuceo palabras incomprensibles. Pronto despertaría pero esta vez El Lobo había calculado mucho mejor la dosis de anestésico para que la víctima no despertara antes de realizar su obra.
Al llegar al final de las escaleras. Abrió una puerta de madera. Encendió la luz y la habitación se iluminó. En el centro de la misma se encontraba una mesa de madera raída pero lo suficientemente fuerte como para soportar el peso de la víctima. Dejó a Paquita sobre la mesa boca abajo. 
El Lobo se dirigió hacia la estantería donde tenia gran parte de sus utensilios. Tomó una lata y una brocha. Se colocó unos guantes de goma recios. Colocó el cuerpo de la zorra hija de puta, en cruz. Abrió la lata y untó el producto de la misma con ayuda de la brocha en grandes cantidades. Impregnó toda la parte de la espalda, nalgas y brazos, así como la base del cráneo. El olor le provocaba cierto estado de mareo. El pegamento era industrial, pensó que debería habarse puesto una mascarilla, quizás aquel olor tan fuerte lo podría haber dejado "cao". Podría haber sufrido un pequeño mareo.
Maldijo mil veces seguidas que así no podía continuar. La próxima vez todo debería ser perfecto.
- Perfecto. Debes hacerlo perfecto.- Dijo en voz baja. Mientras continuaba untando el pegamento industrial sobre toda la parte posterior del cuerpo de Paquita Fernandez.
Una vez impregnado toda la parte posterior de la víctima la tomó con cuidado en brazos. Antes de hacerlo se colocó una especie de mono de plástico. El pegamento pronto haría efecto y comenzaría a secarse. Debería darse prisa. Con ayuda de las cadenas con que había atado las muñecas de de la víctima y una polea, subió el cuerpo lentamente y lo acercó a la pared gracias a un carril que había en el techo el cual terminaba justo al llegar a la pared. 
Apretó con fuerza el cuerpo inerte a la pared, el torso, las piernas, la cabeza, los brazos en posición de crucifixión. Ahora Paquita estaba pegada a la pared como un Jesucristo desvencijado. 
Aún no había abierto los ojos. Esta vez el asesino podría recogerlo todo, era tan metódico que se podría definir de sufrir un trastorno obsesivo compulsivo. 
Esa vez  podría esperar tranquilamente, pensó, no con ansias como la anterior y aquel miedo que le produjo la espera del despertar de la víctima.
Cuando Paquita consiguió abrir lentamente los ojos lo primero que notó fue el frío que le calaba los huesos luego una mezcla de olores. Aquel olor del trapo que le habían puesto en la nariz y otro extraño  olor, un olor como a cola o pegamento.
Intentó moverse pero le fue imposible. Paquita se encontraba pegada a la pared, crucificada.
- ¿Que es lo que quieres de nosotras?.- Su voz sonó pastosa. Fue lo primero que se le ocurrió decir aún estando en la situación que se encontraba. Paquita era una mujer muy realista. La vida la había hecho así un poco dura consigo misma y con el resto de personas que convivian en su día a día. 
La víctima Sabía perfectamente que su rapto y la muerte de su amiga  Luisa Perez estaban conectados. Pensó en décimas de segundo en Carmencita Polainas. Si ella, Paquita fernández estaba ya practicamente muerta, a su amiga Carmencita le quedaban días contados. De eso estaba segura.
- Debes pagar por tus pecados.- Contestó una voz que salió desde un oscuro rincón de la habitación.
- ¿Pecado?. ¿Qué pecado he cometido yo o Luisa, o Carmencita?.- Paquita intentó zafarse del pegamento pero le fue imposible. Lo único que consiguió fue arrancarse un trozo de cabello, el dolor fue lo suficientemente agudo como para que gritara y las lágrimas saladas acudieran a sus ojos.
- Pagar y redimir vuestros pecados.- Volvió a repetir El Lobo.
Paquita había perdido todo efecto de la droga suministrada. Sabía que iba a morir como su amiga Luisa, así que sólo pensó en su madre y en su hija y en la pena que sentirían ambas por su muerte. 
Eso es lo único que le asustaba a Paquita. El sufrimiento que les dejaría a su pequeña familia. Estar frente a aquel loco y en aquella posición pegada a la pared era lo de menos. Sabia que ningún policía entraría en la habitación y la salvaría. Estaba preparada para morir. ¿Acaso le quedaba otra opción?.
Tratando de ofrecerle al asesino una actitud que lo desconcertase. Paquita comenzó a cantar en voz baja una de sus canciones favoritas. Aun estando en aquella situación no iba a darle gusto a aquel cabrón asesino hijo de puta.
( Now you say you're lonely. You cry the whole night through. Well you can cry me a river Cry me a river. I cried a river over you......). Paquita terminó de cantar. Miró al rincón oscuro donde se encontraba su asesino.
- ¿Y ahora qué?. ¿Me vas a matar?. ¿Qué conseguirás con todo esto?. Alguien logrará cazarte. Alguien dará con la clave y acabaras con tus huesos en el infierno que es de donde nunca debistes salir. ¿Crees que tengo miedo?. No tengo miedo, estoy en paz con migo misma.
- Pues entonces entraras en el reino de los cielos como una Puta redimida.- Contestó el Lobo. 
Tan solo décimas de segundo y desde el fondo de la habitación "El Lobo" se lanzó sobre el cuerpo crucificado de aquella puta.
Paquita tenia la cara del asesino frente a sus ojos. Había salido de la oscuridad y ahora lo tenía a dos palmos de su cara.
- Cometerás un error y todo quedará a la luz. Toda la historia de un cabronazo asesino maltratador como tu quedará expuesta para siempre. Si nosotras somos Putas y no merecemos el cielo, ¿Donde crees que iras tú?.¿Crees que Dios te espera con los brazos abiertos?.- Paquita pudo sonreír incluso carcajeo brevemente antes de poder notar  como un cuchillo afilado le cortaba la garganta.
El Lobo observó como la sangre manaba a borbotones impregnando el vestido blanco de Paquita de un color rojo oscuro. Levantó el cuchillo y con fuerza lo clavó en el estómago de Paquita. Los ojos de la mujer dieron unas vueltas dentro de sus órbitas debido al dolor. El Lobo apretó con fuerza el cuchillo y rajó a Paquita desde el estómago hasta el pubis. Las tripas salieron del cuerpo de la víctima.
Paquita sacó fuerzas de donde no pudo y a pesar de tener el cuello cortado y medio desangrada pudo decir.
- Tú eres el mal.
 

DETECTIVE PRIVADO CLAVELINA FLOWERS
- !Hija de Puta¡.- Es lo único que pudo decir Margarita Rotemberger cuando fuimos a recoger a Clavelina Flowers al aeropuerto en la T4. Llegaba de Londres. Acababa de resolver un misterio. El rapto de un gato de angora de una Baronesa inglesa.
- !Qué cutis¡. Ni una mancha. Ni un poro. Ni una arruga.- Comento ensimismada Rita P.
- ¿Cuantos años dices que tiene, abuela?.- Pregunté  porqué no decirlo con un resquicido de envidia. 
Clavelina era tan hermosa y sin mucha necesidad era capaz de hacernos sombra a cualquiera de nosotras.
- Cincuenta y cinco años.- Contesto sonriendo La Duquesa Del Pepinillo.- Y ya veis. Mirarla es como una flor.
- !Hija de Puta¡.- Contestó nuevamente Margarita Rotenmberger.- Eso que lleva puesto es un !CHANEL¡. Y esas perlas, y ese bolso.- Hija de Puta.- Margarita no salía de su asombro. Margarita se la había imaginado como una detective o ratón de biblioteca escudriñando las mentes de asesinos en serie. Como una vieja con olor a naftalina. Pero ante ella se encontró con lo que podría ser una mujer de portada de la revista VOGUE.
Nos encontrábamos todas con nuestro equipaje en la T4 del aeropuerto de Barajas. Recojeríamos a Clavelina Flowers y saldríamos rápidas y veloces a tomar el AVE director a Córdoba, así llegaríamos lo antes posible a Andújar. 
Esa mañana, la mañana de la llegada de Clavelina Flowers habíamos recibido un email. Por primera vez Carmencita Polaninas utilizaba las nuevas tecnologías para ponerse en contacto con nosotras y se vio obligada a ello porque en el email nos comunicaba que Paquita Fernandez había sido encontrada muerta, terriblemente degollada y destripada.

HACIA EL CENTRO DEL MIEDO
Tomamos el coche rumbo a la estación de tren. Las chicas y yo no pronunciamos palabra. No sé muy bien si por el impacto de haber conocido a la detective Clavelina o por el hecho en si de haber recibido aquel email confirmando todos nuestros temores. Ahora estaba todo muy claro. La vida de Carmencita Polainas corría un brutal peligro.
Una vez todas tomamos asiento en el AVE. Clavelina Flowers habló por primera vez.
- Bueno alguien tiene que romper el hielo. Seré yo ya que estoy acostumbrada a ello. Ya saben. Mi vida social y mis relaciones con la clase alta londinense me hacen muchas veces ser anfitriona de grandes fiestas. Es casi una carrera. Un arte en sí mismo.
- Ah ! nosotras somos lo más en ser anfitrionas.- Contestó Margarita Rotemberger.- No le digo más que la ultima vez que fui anfitriona lo fui del Marques de San Termostakulo. Un Marques Rumano gitano con grandes contactos en el mundo del tráfico de armas.
- Ah. Todo muy glamouroso.- Contestó Clavelina sin darle importancia solo al hecho de que el tan Marques Rumano era traficante de armas.
- Mire Clavelina. Las cosas claras, el chocolate caliente y los preservativos XXL. Vamos que las cartas sobre la mesa y al pan pan y al vino vino y que si te he visto no me acuerdo. Aquí todas somos damas, damas en palabras mayúsculas. Chicas fascinantes con mucho pasado y como ve por nuestro cutis con mucho futuro. Simplemente quiero que sepa que usted no me sorprende lo más mínimo, excepto sus dotes para la investigación. En todo lo demás. Aquí todas somos iguales.- Terminó diciendo Margarita mientras se retocaba el maquillaje, dejándolo caer como si tal cosa.
Clavelina encendió un cigarrillo y sacó su iPad del bolso Louis Vuitton. 
Deslizó el dedo suavemente por la pantalla y comenzó a leer todo lo que nosotras ya sabíamos. Fue mi abuela la Duquesa del Pepinillo quien había puesto al día a Clavelina Flowers a través de un email dándole todo tipo de detalles acerca de lo ocurrido en los últimos días.
- Me imagino que usted será  Carmen Polo.- Clavelina levantó su mirada del iPad y lo fijó en la eficiente secretaria.- Usted es hija de Carmencita Polainas, ¿cierto?.- Clavelina Flowers aspiró el humo de su cigarrillo a pesar de estar prohibido fumar en el AVE nadie se digno a decirle nada. Su aspecto de dama de alta sociedad y ese aura de glamour y tronío que reflejaba la hacía sin duda muy especial para los ojos que se posaban en ella.
- Si señorita.- Contesto Carmen Polo.
- Por favor llámame Clavelina. Nada de etiquetas.- Miró con una pequeña sonrisa a Margarita Rotemberger.- Me temo que estaremos juntas durante un buen tiempo. Nos será más cómodo tutearnos.- Clavelina despego el dedo de la pantalla del iPad.- Veo en el informe que ha recibido de su madre unas cartas. En ellas dejaba intuir una serie de sospechas. Luego recibieron otra carta con la confirmación de la muerte de una de sus mejores amigas. Con la muerte de la primera víctima queda claro y confirmado ese temor que tenía tu madre.- Clavelina hizo una pequeña pausa y continuó.
- Primer punto. La señora Carmencita Polainas es la clave para resolver todo este asunto. ¿Tienes idea de algo que ocultase tu madre?.- Preguntó Clavelina a Carmen Polo.
- Pues no. Mi madre es una mujer sencilla de pueblo. Educada y cristiana. Ya sabe de ir a misa los domingos y todas esas cosas.- Contestó Carmen Polo.
- Yo creo que si tiene algo que ocultar.- Me lancé a la conversación sin darme permiso nadie.
- ¿A qué quiere referirse Macarena?.- Clavelina dejó el iPad sobre sus rodillas y apagó el cigarrillo. Sacó de su bolso un frasco de Coco Chanel y pulverizó el ambiente.
- Bueno es algo que Carmen Polo siempre lo ha llevado muy mal.- Continué en un tono más relajado al ver la reacción de Carmen Polo a mis palabras.
- ¿A qué te refieres?.- Preguntó Carmen Polo aún sospechando de lo que se trataba intentaba ocultar ese hecho.
- !Carmen por Dios¡. Nunca has llevado bien que tu madre se negase a descubrir la identidad de tu padre biológico. Es algo que nunca le has perdonado. No la llamas por teléfono desde hace.... la última vez que recuerdo cinco meses. !Vamos Carmen no me digas que no has pensado en ello¡.
- Bueno. Nunca le he perdonado a mi madre que no me dijera quien es mi padre biológico. Pero no solo se trata de eso Macarena. Es algo más. Mi madre siempre trató de educarme como a una chica de pueblo, cosa que siempre me horrorizó. Yo por supuesto siempre me negué a ello. Gracias a Macarena y su abuela la Duquesa recibí una educación exquisita de mujer de ciudad, de mujer libre.
- Primera noticia.- Contestó Clavelina Flowers tomando nota en su iPad.
- ¿Se puede saber que es lo que escribe?.- Preguntó Rita P.
- Eso, eso. ¿Qué escribe usted en ese aparatejo?.- Preguntó también Margarita Rotenberger.
Clavelina Flowers se dirigió hacia mi abuela sin ni siquiera mirar a las dos damas que le habían preguntado.
- ¿Van a estar así todo el tiempo?.- Preguntó la detective a mi abuela señalando a Margarita y Rita P con el dedo.- Así no eh!. Así no trabajo.- Exclamo Clavelina.
- Tranquila Clavelina ya le adjunté en el email lo especiales que son las damas que le acompañamos en el viaje. No tienen malicia solo ansias de saber. Son mujeres acostumbradas al chismorreo. Además solo están lúcidas un par de horas al día. El resto se lo pasan bajo el efecto del Rivotril y un copazo de pacharan.
- !Uhy¡ Rita. Nos han llamados chismosas en nuestras narices.- Contestó Margarita.
- Si. Ya lo he oído. Chismosas y borrachas. Pero a mi "plin". Si, soy chismosa y orgullosa de ello.- Contestó Rita P mientras sacaba de su bolso Loewe una pequeña botella de Vodka. La abrió y se la tomó de un trago.
- Señorita Clavelina comprenda que este asunto nos tiene en ascuas. Estamos muy preocupadas por la situación de Carmencita Polainas. Si mis amigas se comportan así es porque no quieren sentirse apartadas del asunto. Simplemente quieran ayudar.- Contesté.
- Bueno pues si es así y ustedes se quedan más tranquilas a partir de ahora no les ocultaré nada. El caso que a mi me da exactamente igual. Lo que he escrito en el iPad es el móvil de los asesinatos. Lo que une a Carmencita Polainas y al criminal.
- ¿Cómo dice usted?.- La sorpresa fue tremenda. 
En menos de diez minutos Clavelina Flowers se atrevía a dar un diagnostico sobre el móvil de los asesinatos.
- ¿Ya sabe usted el móvil de los crímenes?.- Preguntó Carmen Polo.
- A un ochenta por cien Carmen. A un ochenta por cien. La clave de todo es la resistencia a confesar quien es su padre biológico. Eso lo hace una mujer avergonzada del hombre que la dejó embaraza. Además nunca le mostró mucho afecto pues como bien dice en el informe que recibí vía  GMail. Su madre jamás se puso en contacto con su padre biológico. Estoy segura que incluso lo odiaba con todas sus fuerzas. Carmencita Polainas lo hubiera borrado de la faz de la tierra si hubiera tenido medios y fuerzas suficientes para hacerlo. Pero siempre vivió con temor a ese hombre. Ella y las dos mujeres asesinadas.
- No comprendo muy bien eso. ¿Quiere decir que Carmencita Polainas hubiera borrado del mapa a su propia hija?. ¿Que hubiera abortado?.- Pregunto Margarita más despistada que concisa.
Un suspiro antes de contestar y un cigarro recién encendido hizo que Clavelina se traquilizara para poder contestar.
- Quiero decir que Carmencita Polainas se negó durante toda su vida a decirle quien es el padre biológico a su hija Carmen Polo. Por su parte Carmen Polo nunca se lo ha perdonado y aún así Carmencita Polainas no le dice quien es su padre biológico. Según el informe que recibí de la Duquesa, Carmencita Polainas adora a su hija. Si adora a su hija. ¿Porqué no decirle quien es su padre?. Está claro.- Clavelina miró a Carmen Polo.  
Para la hija de Carmencita no hacía falta que una de las mejores detectives le dijese aquello que iba a soltar en segundos. Ella siempre lo había sospechado. Su madre había cargado toda su vida con un sacrificio.
Clavelina Flowers miró con aquella mirada misteriosa y fascinante al grupo de mujeres que tenia alrededor. Soltó una bocanada de humo y dijo con voz clara lo que sospechaba.
- Carmen. Tu madre fue victima de una violación y tu fuiste el fruto del tal aberración.
 
ANDÚJAR, 15 DE DICIEMBRE. 23:00 DE LA NOCHE. (De Un Año Para Olvidar)
LA LLEGADA
Nada más llegar al pueblo de Andújar pasamos frente al edificio del ayuntamiento. A todas no pareció maravilloso para hacernos un palacete veraniego pero se ve que nos iba a ser imposible nos comento Carmen Polo. Todas quedamos decepcionadas incluso hasta Clavelina Flowers opinó lo mismo que nosotras.
- Una lastima emplear un edificio así para cuatro gandules chupa sangres de políticos.- Sacó una cámara digital e hizo una fotografía de la fachada.- Quedaría mejor como un palacete para cualquiera de nosotras. ¿Verdad doña Duquesa?.
- Pues no se hija. Yo no vendría aquí a veranear, la verdad. No me veo yo aquí metida dos meses.- Contestó mi abuela con cara de preocupación. Era obvio, quería llegar a casa de Carmencita Polainas de inmediata y nosotras allí hablando de lo bonito que sería tener un palacete con aquella hermosa fachada.
- Sería mejor ir ya directamente a casa de tu madre.- Dije a Carmen Polo al observar que mi abuela no se encontraba bien con nuestras frívolas conversaciones. Allí no habíamos ido para frivolizar, allí estábamos para ayudar a una posible victima de asesinato.
- Si. Vamos. La casa de mi madre que era a la vez de sus padres está cerca del ayuntamiento. Está a dos pasos.- Comentó Carmen Polo acelerando el paso.
Por un pequeño retraso en el AVE, algo casi incomprensible pero como dice Margarita Rotemberger siempre hay un roto para un descosido. Llegamos a Andújar ya sin luz del día. Nos encontrábamos a dos pasos de la casa de Carmencita Polainas cuando Margarita Rotemberger se quedó prendida de un gatito callejero.
- !Oh mirar qué gatito mas lindo¡.- Margarita se acercó hacia lo que parecía un pequeño gatito casi recien nacido.
- !Alto Margarita estás loca¡.- Grito Rita P intentando que Margarita no acariciase al minino.- Gilipollas cegata ponte las gafas. No ves que es una Rataaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!.
La cara de estupor de Margarita Rotemberger sería difícil de olvidar. Comenzó a gritar como una loca pues el aviso de Rita P había llegado segundos tarde. Margarita había acariciado una rata pestilente. Continuaba gritando la pobre sumida casi en un "shock" cuando Clavelina Flowers se dirigió a ella dándole dos bofetadas bien fuertes y sonoras.
- Es para sacarla del trauma.- Dijo Clavelina como pidiendo disculpas ya que incluso Margarita se echó las manos a la cara por el dolor de las bofetadas.
- Cabrona no hacía falta. Ya me encontraba más serena.- Contestó Margarita.- Olvidando por completo que acababa de acariciar una rata. Sin duda la falta de retención de sucesos en su memoria era debido a la mezcla de tanto vodka y tantas benzodiacepinas.
- ¿Estas bien querida?.- Pregunte preocupada.
- Claro que si.- Contesto acariciando sus mejillas colorados por las bofetadas de Clavelina.- Antes de venir al pueblo me vacuné de todo. Las enfermeras me dijeron que mi viaje al centro del Amazonas debería ser muy excitante. No sabéis la cara que pusieron cuando les dije que solo venia a un pueblo de Andalucía. Una de ellas que se ve era andaluza, me llamó zorra apestosa hija de puta por lo "bajini" pero pude oírla perfectamente, ahora que a mi "plin". Más vale prevenir que curar.
¿DONDE ESTÁS MAMÁ?
Carmen Polo sacó las llaves de la casa de su bolso. Otra vez el aspecto de una fachada nos sorprendió a todas. No era una pequeña casa de pueblo, era una casa de tres plantas digna de parecer un palacete con dos o tres retoques.
Al abrir la puerta y llamar a su madre. Carmen supo al instante que algo sucedía. Las ventanas estaban cerradas a cal y canto. La oscuridad reinaba dentro de aquella casa enorme. Continuó llamando a su madre.
- ¿Mamá. Mamá donde estás?.- La desesperación de Carmen Polo fue apoderándose de ella, transmitiéndola al propio ambiente y llegando a penetrar en nuestras mentes.
Todas nos miramos aterrorizadas. Habíamos llegado tarde o simplemente Carmencita Polainas había salido de casa. Pero la verdad era muy raro pues las agujas del reloj marcaban las doce de la noche. Era sin duda extraño que Carmencita estuviera fuera de casa a aquellas horas.
- Esto no es normal.- Contesto Carmen Polo que se lanzó a mis brazos buscando consuelo, entre lágrimas continuó relatando.- Las ventanas cerradas a cal y canto. Parece que la casa lleva unos días cerrada, ¿no huelen a humedad?.- Nos preguntó a todas.
- Si. Huele un poco a humedad, casi inapreciable.- Contestó Clavelina Flowers al mismo tiempo de hacer fotografías con su cámara digital ultra moderna.
- !Eh. Miren esto¡.- Exclamó Margarita Rotemberger al tiempo de recojer del suelo un collar con una especie de camafeo de colgante.- Miren.- Nos lo dejó ver a todas.
- Déjeme verlo.- Dijo Carmen Polo retirándose de la protección que le ofrecía mis brazos.
Carmen Polo abrió despacio aquel colgante. En su interior se encontraba una fotografía suya de hacía ya tiempo, quizás tendría en ella unos quince años no más.
- Observen esto.-  Dijo Clavelina Flowers.- Hay señales en la solería del pasillo que llevan hacia  la puerta de entrada de zuelas de zapato. Suelas de goma.
- Mi madre utiliza unos zapatos que compra en una ortopedia para la circulación de la sangre. Las suelas son de goma.- contestó Carmen Polo.
Mi abuela miraba detenidamente ciertos cuadros interesantes que incluso podrían tener algun valor cuando vió un trozo de papel en el suelo.
- Y esto me confirma que algo no cuadra en toda esta situación.- Dijo mi abuela casi a las puertas de la casa.
Se puso las gafas de vista y se acercó a la luz de una lampara. Era un papel cualquiera nada de especial. En él había escrita una frase. Mi abuela hizo un gesto con la mano para que nos acercáramos todas a la luz y pudiéramos leer la frase escrita en aquel trozo de papel.
Abrió el papel y lo colocó frente a nosotras. Todas pudimos leer lo mismo:
LA SEMILLA DEL DIABLO.
Por el trazo de las líneas, un trazo apresurado. Nos hacía pensar que lo había escrito en un último momento de desesperación.
- ¿Que diablos es esto?.- Preguntó Clavelina Flowers.- La Semilla Del Diablo no dice nada en sí mismo pero hay una gran película de "Roman Polanski" que se titulaba así. Pero por muchas vueltas que le dé no veo que tiene que ver esa película con todo esto.
De repente Clavelina Flowers se arrodilló al suelo a dos palmos de la puerta de entrada.
- Aquí hay una pequeña mancha.- Extendió su dedo índice derecho sobre la pequeña mancha para probar su olor y su sabor. Acto seguido el sabor le hizo escupir con fuerza.- Es Cloroformo.
- Vaya qué interesante.- Dijo Clavelina Flowers sosteniendo el papel sobre sus manos.- Miren lo que hay escrito bajo la frase LA SEMILLA DEL DIABLO. Es apenas inapreciable. Estoy segura que casi no le dio tiempo escribirlo.
Todas nos acercamos al rededor de Clavelina. El papel se encontraba en sus manos en el centro del circulo que habíamos formado. Nos acercamos todas pues era cierto que la palabra escrita era casi inapreciable.
- ¿Lo veis?.- Pregunto Clavelina.
- Dios. Si, sí que se puede leer.- Contesté
- Yo no veo nada. ¿qué dice?.- Pregunto Rita P.
- HUYE CARMEN.- Contesto mi abuela.
Carmen Polo se desmayó al oír la palabra. El colgante de su madre cayó sobre su pecho.


CONTINUARÁ.......

2 comentarios:

  1. No tenemos idea en THE ROCKOLA PICTURES SHOW mAGAZINe cómo logras crear un ambiente en tu obras tan innovador y a la vez cásico. Tus personajes maravilloso con solo dos textos que digan ya se comen al publico. Una historia que si la has leido todas las parte (y creo que va para largo) es una novela colorista donde te ries con buena voluntad de las personas que no tienen sentido del ridículo y que como tu bien dices se creen el ombligo del mundo. Solo decirte BRAVO.

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